El próximo 7 de Septiembre de 2013 se decidirá en Buenos Aires la ciudad que acogerá los Juegos Olímpicos de Verano 2020 entre las tres ciudades finalistas: Tokio, Estambul y Madrid.
Actualmente existe un debate abierto sobre la idoneidad de la candidatura española debido a la situación económica que atraviesa el país y es que, con esta, ya son cuatro las veces que se ha presentado Madrid como candidata, quedando finalista las tres últimas.
La preparación de una candidatura de esta envergadura supone una inversión en infraestructuras de miles de millones, que muchas veces se justifica con la inyección de dinero que supone en turismo y en puestos de trabajo, pero, ¿hasta que punto esa inversión se ve amortizada?
Rose y Spiegel concluyeron de un estudio que, tanto las ciudades elegidas como las finalistas, experimentan un efecto positivo en su economía debido a que se muestran como países que se abren al comercio exterior y que acometen reformas, pero España actualmente ya tiene ese posicionamiento exterior, especialmente desde los Juegos Olímpicos de Barcelona’92 y la Expo Sevilla’92.
La inversión prevista para la candidatura del 2020 ronda los 1.593 millones de euros, una partida muy por debajo de otras candidaturas y que, como ya ha ocurrido en ocasiones anteriores, a la hora de la verdad se ve incrementada exponencialmente, aunque hay que tener en cuenta que el 80% de las infraestructuras ya han sido construidas debido a las anteriores candidaturas.
El principal beneficio de llevar a cabo la celebración es, como ya he dicho antes, la imagen que la ciudad proyecta hacia el exterior, que a su vez se traduce en más turistas y puestos de trabajo. Pero hay que tener en cuenta que, al intentar recortar fondos a la hora de organizarlo, puede no tener el impacto deseado en el fin que se quiere alcanzar.
Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 fueron un éxito en este sentido, ya que los beneficios se han estimado alrededor de 1.500 millones de euros, y se prevé que en los próximos años vayan a aumentar. Sin embargo, su inversión inicial fue estimada en 2.900 millones de euros y finalmente alcanzó un total de 11.448. Este ejemplo se puede unir a los Juegos Olímpicos de Atenas 2008, en el que el presupuesto final se vio multiplicado por dos, y en ese caso los efectos posteriores no fueron tan positivos.
Asimismo, Baade y Matheson realizaron un estudio con los efectos de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, donde estimaron que cada puesto de trabajo permanente generado costó una media de 64.000 $ teniendo en cuenta la inversión total.
Viendo todos estos datos es más que cuestionable la candidatura de Madrid 2020, dado que no tendrá todos los efectos positivos que esperamos y ya hemos realizado muchas inversiones en infraestructuras que no han salido rentables, como podría ser el caso de “La Caja Mágica”, por lo que un nuevo rechazo no deberíamos verlo como un fracaso sino como una salvación.
Laura Pinuela Rodriguez
Master en Administración y Dirección de Empresas por Escuela Europea de Negocios





